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El Campo

La larga lista de reconocidos empresarios que suman hectáreas en Argentina: por qué todos tienen campo

La tradición, como resguardo de valor o la carencia de otras alternativas de inversión explican este fenómeno bien argentino. Un viernes de mayo de 1998, rodeados de espejos con marcos de bronce, los 100 accionistas de la otrora Bunge & Born, miembros descendientes de las familias Oster, Hirsch y naturalmente los Bunge y los Born, ocuparon el salón del segundo piso del Rihga Royal Hotel, en Manhattan.

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Fue para confirmar con sus votos la estocada final de un gigante que supo reunir más de 40 empresas y 60.000 empleados alrededor del mundo.

Allí, decidieron la venta de todas sus subsidiarias alimenticias, como Molinos Río de la Plata. Tiempo antes habían cedido otros activos industriales, desde Alba hasta Grafa. Sin embargo, detrás de lo que fue una sucesión de M&A’s que dotó de liquidez a los accionistas, se preservó un activo común a todas las familias: los campos

En el país de las estancias tener un pedazo de tierra es motivo sine qua non para pertenecer. En otras palabras, por muchos años, el estatus se midió por la cantidad de hectáreas y cabezas de ganado que reunía cada apellido. Si bien en muchos casos sigue representado una llave de ingreso a ciertos círculos sociales y denota haber cruzado la línea de llegada en una carrera empresaria exitosa, hoy el campo es mucho más que eso y al dilucidar los diferentes motivos que esconde su tenencia se puede tener una idea más acabada de por qué gran parte del empresariado argentino no es tal sin su pedazo de tierra. 

El peso de la tradición

En 1904, el magnate de origen alemán Alfredo Hirsch, miembro de Bunge & Born, llevaba solo siete años en el país cuando adquirió su primer establecimiento agropecuario. Ese campo es La Leonor, hoy, en manos de su nieto, Octavio Caraballo Hirsch, propietario de Estancias y Cabaña Las Lilas. Este caso es apenas una muestra de como a lo largo del tiempo los empresarios suelen destinar parte de sus ganancias a la compra de tierras y conservarlas, una tradición muy arraigada en la historia argentina. 

Para Federico Nordheimer, de la inmobiliaria rural Nordheimer, históricamente ser el dueño de una estancia representó un símbolo de estatus, algo que en el interior del país sigue teniendo vigencia. Esa tradición se repite a lo largo de los años y en infinidad de familias de industriales, pero también banqueros y empresarios de los rubros más diversos desde el transporte, el supermercadismo y la salud. 

Horacio Madero, socio y director de Compañía Argentina de Tierras, sostiene que desde 1960 hasta el 2000 hubo un incremento promedio del valor de la tierra del 1,5% anual en dólar constante. A su vez, el precio tuvo una suba aún más importante en la primera década del siglo XXI, al punto tal que si bien en los últimos años bajó, en la Pampa Húmeda, el precio de la hectárea sigue muy por encima de 2001. “Si en aquel momento, se pagaba entre 2000 y 3000 dólares por los mejores suelos, hoy, descontando la inflación, esas tierras cotizan a 10.000 dólares la hectárea”, sentencia al enunciar otro de los motivos por lo cual muchos empresarios eligen el campo como resguardo de valor.

Muchas familias encuentran en el sector agropecuario una alternativa para invertir los fondos que obtienen tras deshacerse de las acciones en una sociedad. “No hay que perder de vista que a cierta escala, las opciones de inversión en el país se acotan y si bien existe la posibilidad de comprar departamentos, cuando el ticket es muy grande no hace sentido comprar cientos de propiedades cuando se puede resolver dicha inversión adquiriendo solo una estancia”, compara Nordheimer. 

Cuando la familia cordobesa Scarafía le vendió La Industrial Argentina, popular por sus galletitas marca Lía, a Arcor, en 1997, parte de los fondos se destinaron a reforzar sus intereses en el sector agropecuario, donde llegaron a reunir 13.000 hectáreas en cuatro establecimientos, incluída la estancia La Paz, que supo pertenecer a la familia del ex presidente Julio Argetino Roca. Una vez más, alternativa de inversión y tradición como camino para canalizar fondos frescos. 

Algo similar hizo Alberto Guil, ex accionista de los supermercados Norte, que tras sellar su salida del negocio del retail, a cambio de un deal estimado en US$ 440 millones, incrementó su presencia en la actividad. El ahora cabañero acrecentó sus dominios ganaderos, donde suma más de 18.000 vientres a través de Delfinagro. 

“Muchos de ellos son productores de punta, han invertido especialmente en la ganadería y tienen su cabaña en busca de mejorar la raza en la que participan”, señala Madero y agrega: “Tiene un doble mérito, entre el atractivo cultural y la presencia en la Sociedad Rural Argentina, como así también el negocio en si”. 

La lista puede seguir con más casos emblématicos, como la inolvidable Amalita Fortabat que, si bien tuvo que empeñar cuadros y estancias para sacar a Loma Negra de los aprietos financieros, apenas pudo sanear la cementera la vendió junto a la conseción del tren Ferrosur Roca, pero conservó Estancias Unidas del Sud. Hoy, la pata agropecuaria sigue en manos de sus nietas y bisnietos. 

Los hermanos Zorraquín Vigil, herederos del malogrado grupo Garovaglio&Zorraquín que, en la década del 90, supo ser un player de peso, primero en la industria petroquímica y después en el rubro cárnico, con CEPA, terminó cediendo sus activos industriales, pero no así sus negocios agropecuarios. Grupo ISSJ-Sacfi es el instrumento que administra sus cinco establecimientos que suman más de 27.600 hectáreas, entre las provincias de Buenos Aires y Santiago del Estero.

La familia Otero Monsegur, ex propietarios del Banco Francés, conservan alrededor de 40.000 hectáreas bajo el paraguas de Ganagrin. Mismo caso el de sus socios en San Miguel Global, los hermanos Miguens Bemberg, que si bien se desprendieron de la cervecería Quilmes e incursionaron en el negocio de la energía, aún siguen apostado por el agro con campos propios. 

En menor escala, familias de industriales, como Limansky, en Rafaela; Iraola, en Venado Tuerto; y Cabrales, en Mar del Plata, también tienen algunas de sus fichas puestas en el sector agropecuario. 

Las ventajas del estanciero

En estricto off the record, no son pocos los empresarios que confiesan que invertir en el sector agropecuario puede no tener un atractivo desde el punto de vista de la rentabilidad que genera, pero las ventajas de tener una baja dotación de personal y tener garantizada la venta de lo que se produce aporta tranquilidad. Algo que se potencia si se pone en contraposición con las demandas laborales y comerciales que debe afrontar un industrial en la montaña rusa que es la economía argentina

“El campo abastece a la sociedad de una necesidad básica como es el alimento, por ende lo que produce se vende”, afirma Nordheimer y amplia: “Sabemos que vender no suele ser una tarea sencilla, muy por el contrario, más allá de las restricciones que pueda imponer un gobierno u otro, el campo ofrece un commoditie y tanto su venta como su cobro son sencillos”. 

Quizás por ese motivo se puede enlistar a casi todos los empresarios del rubro de la salud como miembros de la actividad agropecuaria. Uno de los mayores exponentes es Julio Fraomeni, propietario de Galeno, que, a través de Agrosal, participa activamente del negocio agrícolo-ganadero sobre alrededor de 40.000 hectáreas propias en la provincia de Buenos Aires, dos veces la superficie de la Capital Federal. No es el único. La familia Villa Larroudet, dueños de Omint, acá y en Brasil, también tienen tierras; los hermanos De All, detrás del Sanatorio Otamendi y la prepaga Medicus, suman hectáreas propias en Entre Ríos; y el propio Claudio Belocopitt, de Swiss Medical, confesó alguna vez que terminó comprando campos a pesar de no estar muy convencido del retorno que genera la actividad.

Para Madero, en general, los empresarios que ingresan al negocio agropecuario provenientes de otros sectores, tratan de trabajar los campos con profesionales y sacarle todo el potencial posible porque, al venir del ala industrial, tienen un concepto comercial y de eficiencia arraigado y buscan aplicarlo a la producción.

En ese sentido, este fenómeno no queda reducido solo a industriales o empresarios de la salud. Son muchos los banqueros de ayer y hoy que tienen estancias. Uno de los que más apostó al sector fue el fallecido propietario del Banco Macro, Jorge Horacio Brito, mediante Inversora Juramento, en Salta. Los miembros de las familias Escasany, Braun y Ayerza, principales accionistas del Grupo Financiero Galicia, no escapan a la misma lógica. 

“Tener campos es algo cultural, bien argentino, porque tiene un atractivo especial en cuanto esparcimiento, pero también es una gran alternativa para repartir los huevos en distintas canastas”, analiza el director de la Compañía Argentina de Tierras y cierra: “Sobre todo para aquellos empresarios a los que les ha ido bien y tienen un capital extra el campo es un lugar tradicional de inversión que demostró ser resguardo de valor”.

* Facundo Sonatti es periodista de negocios especializado en empresas de familia (Twitter: @facusonatti)

Consultá los rankings de Facundo Sonatti:

·        Ranking de empresas productoras de carne

·        Ranking de propietarios de cabeza de ganado

·        Ranking de siembra: los dueños del agro

·        Ranking de las principales usinas lácteas

·        Ranking de las 13 granjas de cerdo

·        Ranking de los 13 productores de maní

·        Ranking de los 12 principales acopios

·        Ranking de los «mega-tamberos» de 100.000 litros

·        Ranking de productores de azúcar

Fuente: Agrofy News

El Campo

Las cinco razones por las cuales el precio de la carne vacuna subió mucho más que la inflación en 2025

Los especialistas de la actividad explican los factores que más influyeron para que los valores de cortes vacunos superaran el promedio de la inflación general durante el año.

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La carne vacuna fue el producto que más presionó sobre el bolsillo de los argentinos en 2025. A lo largo del año, el precio promedio de la carne vacuna aumentó 65,3%, casi el doble que la inflación general, que cerró en 31,5%, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). De acuerdo con el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), la suba fue incluso mayor y alcanzó el 69,8% interanual. El aumento se reflejó con fuerza en los cortes más consumidos: el asado subió 59,6% en el año, la nalga 68,4%, el cuadril 66,3%, la paleta 69,6% y la carne picada común 60,6%, todos muy por encima del IPC.

Frente a estos números, especialistas del sector ganadero explican que la suba respondió a una combinación de factores productivos, climáticos y de mercado que se fueron acumulando a lo largo del año y terminaron ajustando la oferta en un contexto de demanda firme, tanto externa como interna.

1) Menos animales disponibles

Uno de los principales condicionantes del aumento de la carne fue que el año comenzó con menos hacienda en los campos. La sequía de los últimos años redujo la disponibilidad de animales porque, sin pasto ni forraje suficientes, muchos productores se vieron obligados a vender hacienda antes de lo previsto.

Ese escenario se combinó con la falta de políticas que incentivaran la producción. Leonardo Rafael, presidente de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores, resumió la situación al señalar: “Estamos con muy poco stock, con mucha demanda internacional y un consumo interno que sigue más o menos igual”, y agregó que “el verdadero problema de por qué estamos estancados en la producción es la mala política que hemos tenido durante muchos años”.

2) Menos incentivos para vender

A diferencia de lo ocurrido en años anteriores, 2025 tuvo un clima mucho más favorable. Hubo abundancia de pasto y forrajes, tanto en campos naturales como en pasturas y verdeos, lo que modificó la lógica del negocio ganadero.

Con alimento disponible y a menor costo, muchos productores decidieron no vender rápido, sino retener la hacienda, engordarla y sacarla con más kilos. Esa estrategia mejora la rentabilidad por animal, pero reduce la oferta inmediata de carne.

Paloma Fontana, analista de Ganados y Carnes de AZ-Group, explicó: “las condiciones climáticas también jugaron un rol relevante. Durante 2025, la oferta forrajera fue muy favorable gracias a un régimen de lluvias abundante, lo que permitió a los criadores retener terneros para recriarlos a pasto incorporando kilos a bajo costo”.

“Como consecuencia, parte de esa hacienda liviana no ingresó a los corrales de engorde, y también contribuyó a reducir la oferta de novillos provenientes de este sistema productivo”, agregó.

3) Oferta más ordenada

Ese contexto, también impactó en la zafra de terneros y en el ganado para faena. Al haber más pasto y mejores condiciones, la salida de animales fue más ordenada, por distintos pesos y categorías, lo que evitó una sobreoferta repentina.

Juan Eiras, directivo de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF) explicó que esa dinámica ayudó a sostener los valores durante gran parte del año: “La oferta fue escalonada, desde una ternera liviana hasta novillos pesados para exportación, y eso protegió los precios”.

Incluso en los meses de mayor encierre en feedlots, no hubo quebrantos importantes, algo que suele ocurrir cuando sobra hacienda.

4) Mayor demanda internacional

Otro factor central fue la demanda externa, que se mantuvo firme durante todo el año. Los mercados internacionales absorbieron una parte importante de la producción, especialmente los animales más pesados, y pagaron valores atractivos.

Estados Unidos, Europa, China y Corea mostraron interés sostenido, lo que ayudó a sostener el precio del novillo y, por arrastre, del resto de las categorías. “Con una demanda exportadora sostenida y precios firmes afuera, el novillo y la vaquillona tienen precio”, señaló Eiras.

En la misma línea, Fontana remarcó que los elevados valores internacionales se trasladaron al mercado del ganado gordo y terminaron influyendo también en los precios de los cortes destinados al consumo interno, en un contexto en el que grandes exportadores como Brasil y Australia marcaron récords históricos de envíos.

5) Convalidación del consumo interno

A diferencia de otros períodos, en 2025 no hubo restricciones fuertes a las exportaciones ni prohibiciones sobre cortes, lo que permitió que el mercado funcionara con mayor libertad y reflejara los precios internacionales.

Además, pese a las subas, el consumo interno no se desplomó como muchos preveían. “El consumo se volvió firme y convalidó valores nuevos”, explicó Eiras. Si bien hubo ajustes en cantidades en algunos hogares, el mercado terminó aceptando precios más altos, incluso en momentos clave como las fiestas de fin de año.

Otro punto clave fue que los aumentos no se dieron de manera abrupta, sino de forma gradual. A eso se sumó que la carne vacuna aumentó en línea con otras carnes, lo que evitó un desplazamiento brusco del consumo hacia sustitutos. El resultado fue un combo claro: más peso por cabeza, menos cabezas disponibles y una demanda —externa e interna— que terminó sosteniendo los valores.

Los precios

Los datos del IPCVA muestran que el aumento fue generalizado en diciembre respecto de noviembre. El asado cerró diciembre a $15.340 por kilo; el vacío, a $18.355; y el matambre, a $15.802. La paleta se vendió a $14.216 por kilo; la picada común, a $8.324; y la picada especial, a $12.252.

Entre los cortes para milanesas, la nalga cerró diciembre en $17.858 por kilo; el cuadril, en $17.306; la bola de lomo, en $16.068; y el peceto, cerca de $19.771. El lomo alcanzó los $22.863 por kilo.

El informe también mostró diferencias por canal: los precios subieron 71,9% interanual en carnicerías y 65% en supermercados. En contraste, durante 2025 el pollo aumentó 24,6% y el pechito de cerdo 21,6%, muy por debajo del incremento de la carne vacuna.

Fuente: Diario La Nación 

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El Campo

Vuelven a subir la proyección de maíz y el récord de cosecha es aún mayor

La Bolsa de Comercio de Rosario corrigió nuevamente al alza su estimación previa para la campaña 2025/26, impulsada por una mayor superficie sembrada: con un millón de toneladas más, se llegaría a 62 millones millones de toneladas

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Al anuncio que ya anticipaba una cosecha récord de maíz, se agregó ahora una nueva corrección al alza. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) estimó que en la campaña 2025/26 la producción llegaría a 62 millones de toneladas, el mayor registro histórico, tras revisar la superficie sembrada y elevar en un millón de toneladas su cálculo previo. Ese mayor volumen implica exportaciones por 41 millones de toneladas y un valor de ventas externas del orden de los US$ 8.400 millones.

En relación con la campaña 2024/25, cuya comercialización finaliza en febrero, la nueva proyección implica 12 millones de toneladas adicionales de producción, 11 millones de toneladas más exportadas y US$ 2.150 millones más en ingresos por ventas externas. En el ciclo que está terminando, la producción fue estimada en 50 millones de toneladas, con exportaciones por 30 millones y un valor cercano a los US$ 6.250 millones.

La mejora en los números se explica principalmente por una expansión mayor a la prevista del área implantada con maíz, que ahora se calcula en 9,75 millones de hectáreas a nivel nacional. De ese total, unas 8,05 millones de hectáreas ingresarían al circuito comercial como grano, lo que permite sostener un volumen elevado aun cuando las condiciones climáticas obligaron a moderar las expectativas de rinde en algunas zonas.

En el informe la Bolsa advierte que el escenario productivo cambió en las últimas semanas. Al comparar las imágenes de anomalías en las reservas de agua en los suelos, los técnicos observaron “un cambio que se ha dado muy rápido en el centro y sur de la región pampeana”, luego de un período con buen desempeño climático. Desde fines de diciembre, las lluvias se concentraron en el norte del país, mientras que un centro de alta presión limitó el ingreso de humedad en el centro de la región agrícola, generando estrés hídrico en momentos clave del cultivo.

“El 2026 comenzó con un alivio de las temperaturas y algunas lluvias aisladas, aunque insuficientes para revertir la situación”, señala el informe, que indica que esto “tuvo un gran impacto en las expectativas de rindes superadores para los maíces tempranos”. En ese contexto, los técnicos coinciden en que el potencial del cultivo se vio afectado durante el período de llenado de granos, una etapa decisiva para la definición del rinde final.

“Hay una sensación de que el maíz temprano se pinchó, perdió el potencial en el llenado”, advierten los técnicos consultados, y estiman que la falta de agua y el estrés térmico podrían generar recortes de entre 10 y 20% en los rindes, dependiendo de la evolución climática de las próximas semanas y de la llegada efectiva de nuevas precipitaciones.

El relevamiento señala que hay desempeños destacados en la región núcleo, aunque con necesidades de lluvia. En Santa Fe, el maíz “se mantiene con altas expectativas” y presenta el mejor rinde promedio del país, con 90,4 quintales por hectárea, aunque la BCR aclara que el sur y centro sur de la provincia requieren precipitaciones para sostener esos valores. Córdoba aparece en segundo lugar, con 88,2 qq/ha, mientras que Buenos Aires registra 78,1 qq/ha, todos por encima del ciclo anterior.

En contraste, la BCR destaca que en el centro norte y norte del país se observan “excelentes posibilidades para los maíces tardíos”, tras varios años de sequía que habían afectado con fuerza a esas regiones. En provincias como Chaco y Santiago del Estero, “el agua está acompañando el nacimiento de los cultivos”, aunque en algunos casos las lluvias incluso provocaron demoras de entre 20 y 30 días en las siembras de soja.

En esas zonas, la principal preocupación está vinculada a la chicharrita del maíz. El documento precisa que “en Chaco se registraron solo cuatro heladas en 2025, mientras que en 2024 hubo casi 40”, una diferencia que incrementa el riesgo sanitario. No obstante, la Bolsa señala que los productores están mejor preparados que en campañas anteriores, con materiales más resistentes, mayor experiencia en el manejo del insecto y un esquema de monitoreo más intensivo.

Más allá del maíz, la entidad también señala que la siembra de soja ya finalizó y se mantiene la intención de cubrir 16,4 millones de hectáreas a nivel nacional. Si bien la falta de agua y las altas temperaturas comenzaron a dejar huella en los cultivos del centro y sur de la región pampeana, el informe indica que, con los pronósticos de lluvias para los próximos días, se espera que la oleaginosa recupere una condición de buena a muy buena y sostenga un escenario productivo favorable.

En trigo, en tanto, no hubo cambios en las estimaciones. La cosecha se encuentra prácticamente finalizada y se confirman los números del mes anterior, con una producción récord de 27,7 millones de toneladas y un rinde nacional inédito de 41 quintales por hectárea, aun considerando pérdidas de superficie por excesos hídricos.

Fuente: Diario La Nación 

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El Campo

La lechería alcanzó en 2025 su mayor producción de la última década

Con más litros por tambo y una mejora sostenida de la productividad, la producción total llegó a 11.618 millones de litros, un 5,2% más que en 2024; el crecimiento se apoyó en mejores precios y relaciones de costos, aunque el escenario comenzó a ajustarse en la segunda mitad del año.

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Con más litros por tambo y una mejora sostenida de la productividad, la producción lechera cerró 2025 en el nivel más alto de al menos los últimos diez años. Los datos oficiales indican un total de 11.618 millones de litros, con una suba interanual del 5,2%. Desde el sector explican que el crecimiento se dio en un contexto de mejores precios de la leche y relaciones de costos más favorables, aunque las condiciones comenzaron a ajustarse en la segunda mitad del año.

De acuerdo con la Dirección Nacional de Lechería, el incremento frente a 2024 —cuando la producción había sido de 10.590 millones de litros— fue de 1.028 millones de litros adicionales, lo que consolidó el mejor registro de la última década y el mayor volumen desde 2019.

Desde el sector productivo señalan que ese desempeño estuvo asociado a un período que permitió invertir en alimentación, manejo y tecnología en los tambos, lo que se tradujo en una mejora de la productividad y en más litros producidos por establecimiento. Sin embargo, advierten que hacia la segunda mitad del año el escenario comenzó a volverse más exigente, con costos creciendo por encima del precio de la leche, un consumo interno que no mostró cambios significativos y una rentabilidad más ajustada para los productores.

Según el informe de la Secretaría de Agricultura, en diciembre de 2025 la producción promedio por tambo a nivel nacional fue de 3.598 litros diarios, por encima del promedio de 2024, que había sido de 3.336 litros por día. En el mismo período, la producción diaria total acumuló una suba interanual del 5,1%, reflejando una mejora generalizada en los indicadores productivos.

Entre las principales cuencas, Buenos Aires lideró la producción por tambo, con un promedio de 4.825 litros diarios, seguida por Córdoba, con 4.249 litros, mientras que Santa Fe (2.808 litros) y Entre Ríos (2.436 litros) completaron el grupo de las cuatro provincias con mayor volumen productivo del país.

Guillermina Más, presidenta de Caprolecoba, destacó el crecimiento de la producción y lo vinculó a un contexto de precios y condiciones productivas favorables durante gran parte del período, con relaciones de costos más holgadas y una situación climática mayormente adecuada, más allá de episodios puntuales como las inundaciones en sectores de la cuenca oeste bonaerense. “Durante 2024 y buena parte de 2025 hubo muy buenos niveles de precio de la leche cruda y excelentes relaciones de precios”, señaló.

Ese escenario permitió atravesar un período prolongado de márgenes positivos para el tambo promedio, aunque la situación comenzó a deteriorarse desde el segundo semestre de 2024 y se profundizó durante la segunda mitad de 2025. “Fueron más de 20 meses consecutivos de rentabilidades positivas para un tambo promedio”, afirmó.

Según explicó, las relaciones de precios se encuentran hoy mucho más ajustadas, con 1,6 kilos de maíz y 0,94 kilo de soja necesarios por cada litro de leche, lo que llevó a que en octubre de 2025 la rentabilidad promedio modelizada volviera a terreno negativo. A eso se sumó la evolución de los precios relativos: el valor de la leche en diciembre de 2025 fue apenas un 8% superior al de un año atrás, en un contexto de inflación anual del 31,5% y una devaluación del 29%, mientras que en el mismo período la soja subió 72%, el maíz 48% y el gasoil 43%. En contraste, el precio promedio a salida de fábrica aumentó 24% en el año.

Desde su mirada, esa brecha constituye la principal señal que hoy reciben los productores a la hora de planificar. “El mensaje que llega desde el movimiento del precio es que no es necesario seguir creciendo e incluso habría que reducir la oferta, porque no hay negocios para esta cantidad de leche”, advirtió. Y concluyó: “Es cierto que fue la mayor producción de los últimos diez años, pero también es cierto que es prácticamente el mismo volumen que en 2022. La cadena sigue sin poder retener el valor que genera y esa pérdida quedó este año concentrada en la producción primaria”.

En la misma línea, Juan De Pian, dirigente de la cuenca lechera Mar y Sierras, coincidió en que los resultados de 2025 estuvieron estrechamente ligados al trabajo realizado en la producción primaria y a decisiones tomadas con anticipación. “La vaca expresa su potencial según cómo atravesó la lactancia anterior”, explicó.

Desde su perspectiva, la incorporación de tecnología, el manejo de la alimentación y un mayor grado de estabulación permitieron sostener niveles elevados de producción, incluso en un año con dificultades climáticas en algunas regiones. “Eso hace que la producción se estabilice en promedios altos y tenga menos fluctuaciones”, sostuvo.

De Pian señaló además que 2024 y 2025 permitieron recomponer reservas forrajeras, en un contexto de buenas relaciones entre costos y precios, lo que derivó en mayores inversiones en alimentación. “Cuando esa ventana está firme, el productor invierte, intensifica y le da más claridad al negocio”, afirmó.

En paralelo, explicó que la exportación traccionó parte del crecimiento de la producción, mientras que el consumo interno se mantuvo estable en volumen y con un perfil más básico. Hacia el cierre del año, el escenario volvió a ajustarse. “El mercado externo empezó a perder fuerza y el mercado interno no repunta”, señaló.

En ese contexto, advirtió que la participación del productor en el valor final se redujo. “Hoy estamos con uno de los precios más bajos de la región, en torno a los 32 centavos de dólar, cuando nuestros vecinos están en 42 o 44”, comparó.

Fuente: Diario La Nación 

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