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El Campo

Alquila 73.000 hectáreas: una empresa familiar desarrolló un impactante modelo de producción

Pelayo Agronomía, una firma de La Pampa, apuntó a conformar un grupo de propietarios que comparten una propuesta de arrendamientos con buenas prácticas agronómicas y plazos superiores a 12 meses.

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Es conocido que una proporción muy importante de los suelos agrícolas argentinos presenta importantes grados de deterioro físico y químico. Frente a esa realidad, que pide cambios a gritos, van apareciendo propuestas superadoras. Hoy en el país el 75% de los campos están alquilados con contratos de duración anual.

Pelayo Agronomía SA arrienda 73.000 hectáreas en las que desarrolla cultivos de soja, maíz, girasol, trigo y maní. Para enfrentar el deterioro que genera la agricultura llevada a cabo con contratos anuales, propone extender el horizonte temporal y monitorear permanentemente las condiciones del suelo para mantener o elevar la fertilidad. El control se concreta con empresas que certifican la evolución edáfica mediante indicadores objetivos.

Es una empresa familiar con 38 años de trayectoria en General Pico y su zona de influencia, que emplea de manera directa a 150 personas. Sus principales actividades comprenden la distribución de insumos agropecuarios en el oeste de la provincia de Buenos Aires y en La Pampa, producción de granos en campos arrendados, acopio y comercialización de granos y la multiplicación de semillas de soja y trigo a partir de variedades del semillero Don Mario. En este último rubro, la empresa produce aproximadamente 400.000 bolsas anuales, generadas en los campos alquilados y en convenios con terceros. La semilla original provista por Don Mario es multiplicada, procesada y embolsada en la planta propia de la empresa, y el 75% de las bolsas se comercializa directamente a productores. En los últimos años, la firma también ha incursionado en la actividad ganadera y en la producción de maní.

Problemas con solución

Germán Gabriel Guastella, gerente general de Pelayo Agronomía SA, explica que la empresa siembra desde hace 35 años en campos alquilados y hoy gerencia 73.000 hectáreas distribuidas en cuatro núcleos productivos: nordeste de La Pampa, oeste de Buenos Aires, sur de Córdoba y sur de San Luis. Los principales cultivos son maíz, soja, girasol, con menor superficie de trigo y maní, sembrados y cosechados con contratistas. En el equipo de la firma también están, entre otros, Manuel Pelayo, gerente comercial; Lucas Minetti, responsable del área de sustentabilidad y Agustín Balduzzi, responsable de campo.

En los últimos años, la fuerte competencia por tierras en arrendamiento provocó que los valores de los alquileres se duplicaran y prevalecieran los contratos anuales en quintales fijos, que generalmente provocan un deterioro de los suelos. Frente a esa realidad, la empresa decidió comenzar a dialogar con los propietarios de los campos, no solo para discutir el valor del alquiler, sino también el planteo productivo por desarrollar proponiendo prácticas agronómicas distintas a las posibles bajo contratos de corta duración. De este modo, se buscó trabajar con dueños interesados en un sistema sustentable respaldado por datos objetivos.

“El formato de los contratos de alquiler agrícola más empleado -a quintales fijos y renovación anual- generalmente no permite aplicar un paquete de tecnología que mantenga o mejore la fertilidad de los suelos”, afirma Lucas Minetti, responsable del área de sustentabilidad de la empresa, que se enfoca en la evolución de los suelos en los campos arrendados.

Según Minetti, “en los últimos años comenzaron a detectarse problemas en los rendimientos de los cultivos en los campos en alquiler, principalmente asociados al sistema de contratación”.

Ante esta situación, Pelayo Agronomía decidió buscar una solución y se vinculó con la certificadora AGSUS, que cuenta con un programa específico para monitorear la “salud” del suelo, desarrollado junto con la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa y otras instituciones. “Es un programa de certificación de manejo sustentable del suelo y secuestro de carbono, basado en mediciones a campo y análisis de laboratorio, que genera un coeficiente numérico que mide parámetros del suelo – porosidad, desarrollo radical, etc.- anualmente y cuantifica el secuestro de carbono cada cinco años”, se explaya. La certificadora trabaja sobre la ambientación integral del campo, no sobre lotes individuales, y asigna un puntaje a cada establecimiento. Actualmente, aproximadamente el 20% de los campos arrendados por la empresa se encuentra trabajando bajo este sistema.

Certificar la cadena

Dentro de los campos certificados, el cultivo de girasol cumple un rol destacado. El principal comprador es la firma Gente de La Pampa SA, que desde hace años adquiere la producción para fabricar aceite. En un momento decidió dar un paso más y manifestó su intención de vender aceite de girasol a industrias alimenticias que exigen certificaciones de prácticas industriales, sociales y ambientales. A partir de ese propósito, se avanzó con otra certificación de procesos -ISCC Plus- para la producción de girasol asegurando el cumplimiento de estrictas normas sociales y ambientales, lo que dio como resultado un producto diferenciado. En ese proceso, los fabricantes de aceite sumaron a PepsiCo, una de las empresas compradoras del aceite para alinearse, todos, con una forma distinta de hacer negocios, no exclusivamente orientada a lo “verde”, sino considerando la evolución de las demandas de los consumidores.

Propuestas

Las certificaciones implican mediciones periódicas y la elaboración de informes que son remitidos a los propietarios de los campos, con datos objetivos y avalados técnicamente, lo que permite transparentar el manejo realizado y dar sustentabilidad a los planteos productivos. De esta manera, “los dueños de los campos pueden seguir de cerca la evolución de sus tierras”, asegura Guastella.

La empresa aspira crecer más allá del 20% de campos certificados y avanzar hacia contratos con horizontes temporales superiores a los 12 meses. La propuesta incluye el monitoreo permanente de indicadores de calidad de suelo y, a partir de ese esquema, la posterior negociación del valor del alquiler.

El argumento central es que, si bien la tierra no se amortiza, puede deteriorarse en sus cualidades cuando es manejada de manera inadecuada. Por ello, proponen contratos de mayor plazo, con un horizonte móvil de al menos dos años. Por ejemplo, se plantean contratos a tres años que se renuevan anualmente, de modo que al planificar cada campaña se agregue un año adicional al acuerdo.

En campos mixtos, con lomas y bajos, la empresa impulsa propuestas integrales destinando las mejores áreas a la agricultura y orientando las cañadas y medias lomas a la actividad ganadera. También aceptan esquemas de participación económica del propietario en el negocio agrícola, como el aporte de insumos o labores, así como los acuerdos basados en tablas de reparto según rindes y precios, pero estas opciones han perdido vigencia en los últimos años con el telón de fondo de sequías y bajos precios.

En síntesis, Pelayo Agronomía apuntó a conformar un grupo de propietarios que comparten una propuesta de arrendamientos con buenas prácticas agronómicas y plazos superiores a 12 meses, con el objetivo de desarrollar negocios sustentables y de beneficio mutuo.

Para presentar esta forma de trabajo, la empresa organizó una jornada en la que expuso el esquema de certificación junto con los otros integrantes de la cadena, con una recorrida por un campo certificado en Catriló. El encuentro contó con una amplia participación de productores, propietarios de campos, autoridades, contratistas, semilleros y medios de comunicación.

Fuente: Diario La Nación

El Campo

US$800 millones: el pacto con Estados Unidos amplió la cuota para la carne y la Argentina se prepara para exportar más

En el marco de las negociaciones bilaterales, la Argentina y Estados Unidos acordaron ampliar en 80.000 toneladas anuales el cupo de carne bovina que se envía a ese país.

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Hasta la fecha, la Argentina mantenía un cupo de 20.000 toneladas, por lo que a partir de ahora podrán ubicarse 100.000 toneladas por año, lo que podría sumar hasta US$800 millones adicionales en exportaciones. Vale recordar que el año pasado la Argentina exportó 44.300 toneladas, entre cuota y fuera de ella, que representaron US$341,5 millones, según datos del Consorcio ABC.

Con la firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco que se realizó este jueves en Washington entre ambos países, también se conoció que se eliminarán aranceles para 1675 productos argentinos, provenientes de diversos sectores productivos. Según las estimaciones oficiales, esta medida permitirá recuperar exportaciones por un valor de 1013 millones de dólares.

Carlos Castagnani, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), indicó que la apertura comercial ha sido siempre un pedido del sector agropecuario, porque es la herramienta que permite aumentar exportaciones, generar más actividad y aprovechar el potencial productivo que tiene el país. “Integrarnos al comercio internacional con reglas claras es clave para el desarrollo. Avanzar en el comercio de carne es especialmente importante para la Argentina. Producimos la mejor carne del mundo y contamos con un sistema productivo reconocido a nivel internacional”, señaló.

Recordó que todo acuerdo que facilite el acceso a mercados como el de Estados Unidos es una oportunidad para fortalecer la cadena ganadera y sumar valor a nuestras exportaciones. “Esperamos que este acuerdo tenga un impacto positivo y concreto en las economías regionales, que son fundamentales para el desarrollo federal del país y para el arraigo en el interior productivo. Desde CRA vamos a estudiar en profundidad la letra chica del entendimiento, analizando punto por punto sus alcances, para evaluar oportunidades y eventuales desafíos para cada actividad”, agregó.

Desde la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) analizaron el alcance de la medida. Gustavo Idígoras, presidente de la entidad, observó que este “no es un acuerdo de promoción de exportaciones, no es un acuerdo de comercio, es un acuerdo de inversión. De inversión y de reglas, que supuestamente la Argentina adoptará a los efectos de poder facilitar las inversiones americanas en Argentina”.

Respecto a los componentes específicos de intercambio de bienes, el dirigente aclaró que el alcance inmediato es acotado: “En materia de comercio tiene solo tres productos: básicamente una cuota de carne vacuna y después tubos con costura y sin costura, en la parte siderúrgica”.

Subrayó que, si bien la medida sobre la carne bovina “es importante”, el escenario para el resto del agro presenta desafíos ante la actual política exterior de Washington. “El agro argentino es exportador, por lo que no tendremos novedades de acceso al mercado americano frente a la política de la administración Trump”, dijo.

Desde el sector aseguraron que se continuará la gestión con las autoridades nacionales para profundizar los lazos comerciales: “Trabajaremos con el equipo negociador argentino para lograr a futuro beneficios exportadores reales”, resumió Idígoras.

A finales del mes pasado, el gobierno argentino repartió la cuota de las 20.000 toneladas de carne vacuna a Estados Unidos. Del total distribuido, 19.000 toneladas fueron asignadas a la categoría Industria (frigoríficos), mientras que las 1000 toneladas restantes se repartieron entre los denominados Proyectos Conjuntos (asociaciones de productores y exportadores), según destacó la normativa firmada por el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta.

Andrea Sarnari, presidenta de Federación Agraria Argentina (FAA), dijo que, en principio, al aumentar el cupo de carne que se puede exportar por parte de la Argentina siempre es relevante. “Por supuesto que es una buena noticia poder sacar al mundo los productos que hacemos, y tener mayor cantidad de mercados. Luego estaremos atentos a lo que suceda con la letra fina de ese acuerdo porque no lo conocemos, porque entendemos puede tener otros temas que seguramente tocarán al sector agropecuario o que tendrán incidencia en el sector”, acotó.

También recordó que, tal como estaba previsto en el marco general, el acuerdo podría incluir disposiciones vinculadas a la propiedad intelectual que impactan en la producción, el valor y el desarrollo de las semillas. “Por eso vamos a estar atentos y esperar a conocer la letra chica”, señaló.

Además, advirtió que aún no se conocen cuáles serán los aranceles que la Argentina eliminará para el ingreso de la mercadería estadounidense ni el impacto que esas podrían tener medidas sobre el sector.

El consorcio ABC felicitó al Gobierno encabezado por el presidente Javier Milei y a los equipos negociadores del Ministerio de Economía y del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto quienes tras dos años de intenso trabajo han conseguido una mejora significativa para el acceso de nuestras carnes bovinas al mercado de los Estados Unidos.

En esa línea, recordaron las exportaciones realizadas durante 2025, que duplicaron los valores históricos. “El volumen sujeto a preferencia arancelaria fue superado holgadamente por nuestras empresas exportadoras por lo que la ampliación de dicho contingente es una buena noticia para una industria que se encuentra frente a un contexto sumamente difícil debido a la reducción de la oferta ganadera, afectada por décadas de políticas adversas», apuntaron.

Antes de finalizar mencionaron que gracias a este acuerdo las empresas pondrán las fábricas a producir con el objetivo de lograr el cumplimiento de las 100.000 toneladas otorgadas por los Estados Unidos con aranceles preferenciales, que permitirán generar ingreso de divisas superiores a los 700 millones de dólares durante el año 2026.

Fuente: Diario La Nación

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El Campo

Llegó la lluvia, pero no a todos: el centro de la región núcleo sigue siendo el lugar más comprometido del país

Mientras algunos sectores recibieron milímetros clave para sostener los cultivos, otras zonas continúan sin alivio y crece la preocupación por el impacto en la soja y el maíz.

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Llueve en algunas partes de la región agrícola núcleo, pero el alivio todavía es parcial y desigual. Las precipitaciones de las últimas horas se concentraron en el noroeste y en algunos sectores del nordeste de la provincia de Buenos Aires y también en el extremo sur de Córdoba, donde los milímetros ayudan a sostener y, en algunos casos, mejorar la condición de los cultivos. En cambio, la franja central de la región núcleo —con eje en los alrededores de Rosario y parte del sudeste de Córdoba— sigue sin recibir lluvias significativas y continúa siendo el sector más comprometido, con altos niveles de estrés hídrico y daños productivos que podrían profundizarse si el evento no se extiende.

 “En general estas lluvias alcanzaron zonas que venían ajustadas por el calor y por la falta de milímetros”, explicó Florencia Poeta, especialista de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). En ese sentido señaló que el evento fue bien recibido en sectores del nordeste bonaerense, donde no se habían registrado precipitaciones relevantes en las últimas semanas. Mientras que en el noroeste de la provincia de Buenos Aires y en el extremo sur de Córdoba el aporte sirvió para reforzar una condición que ya era relativamente mejor. “Este nuevo evento viene a reforzar el proceso de recuperación en ese sector”, agregó.

De acuerdo con los datos relevados hasta las 8 por la entidad este miércoles, los mayores registros se dieron en Rufino, con 26,8 milímetros; Lincoln, con 26 mm; Junín, con 18,2 mm; y General Pinto, con 19 milímetros.

Según explicó, este evento, a diferencia del anterior, se desplazó más hacia el nordeste de la provincia de Buenos Aires y, por el momento, también se registraron algunos milímetros en el extremo sur de Santa Fe. “Está lloviendo en los alrededores de Pergamino, en Rojas”, comentó, aunque aclaró que esos registros todavía no se reflejan en el mapa. Otras localidades cercanas, más hacia el este, como Baradero San Pedro, en cambio, aún no fueron alcanzadas por el evento.

La situación es complicada donde las precipitaciones fueron nulas o muy escasas. Allí, los cultivos continúan mostrando síntomas severos de estrés hídrico. “Se observan plantas muertas, abortos de flores y frutos”, advirtió Poeta.

En ese sentido, remarcó que el foco está puesto en la evolución del evento sobre el sector más afectado. “Resta ver qué ocurre con el área de influencia de Rosario y parte del sudeste de Córdoba”, señaló.

Hablando de cada cultivo en particular, Poeta detalló que la soja de primera siembra es la que mejor viene soportando el estrés, aunque ya muestra síntomas como pérdida de hojas basales y aborto de flores y frutos en plena etapa reproductiva. Los maíces tardíos y de segunda aparecen como los más comprometidos, mientras que también se observan lotes de soja de segunda con un crecimiento muy lento y plantas muertas. En el caso de los maíces tempranos, las altas temperaturas y la falta de agua aceleraron el llenado, acortando el ciclo, lo que derivará en espigas más livianas en las zonas más afectadas.

 “Lluvia clave”. Así definió el evento el productor y asesor Alejandro Acerbo, que trabaja en Junín y también asesora campos en Chacabuco y Ascensión. En la zona, los acumulados rondaron entre 30 y 40 milímetros y el pronóstico anticipa nuevas precipitaciones.

Según explicó, el agua llegó después de varios días sin aportes, cuando los lotes empezaban a mostrar señales de estrés tanto en los bajos como en las lomas más arenosas. “Esta lluvia vino espectacular”, resumió.

Acerbo explicó que el maíz sembrado temprano ya atravesó las etapas más sensibles, por lo que la lluvia ayuda a ajustar el rinde. Distinta es la situación de los maíces tardíos, que están floreciendo y definiendo el rendimiento, un momento en el que la falta de agua puede provocar pérdidas importantes. “Ahí esta lluvia es clave”, señaló.

Una situación similar se da en la soja de primera, que transita etapas críticas (es el momento en el que la planta define cuántos granos va a producir) y donde el evento ayuda a evitar mayores niveles de estrés y a sostener el potencial productivo. En cuanto a la soja de segunda, advirtió que es el cultivo más desparejo por las dificultades de implantación tras una buena campaña de trigo (se sembró más tarde y en peores condiciones), aunque aclaró que se encuentra en estado vegetativo (todavía en crecimiento) y que el agua permite que siga avanzando con mejores perspectivas.

Más hacia el norte bonaerense, la situación sigue siendo más compleja. En el partido de Pergamino, el productor y asesor Javier Domenech contó que la lluvia comenzó a media mañana y que los primeros registros fueron modestos. “Acá me dicen 13 mm. Es un aliciente, pero hay que ver cómo termina”, señaló.

Domenech explicó que el escenario previo era complejo y que se registran mermas, sobre todo en soja de primera, soja de segunda y, especialmente, en maíz tardío. “Había maíces sembrados a fines de noviembre que ya estaban floreciendo y estaban mal, mal”, describió. Si bien reconoció que el agua puede traer algo de alivio, aclaró que todavía es temprano para dimensionar el impacto final. “Estamos más o menos en el 60% del recorrido. Falta el 40% y eso va a definir cómo terminan rindiendo los cultivos”, graficó. En su propio campo, los acumulados fueron aún menores, con apenas 7 mm.

En otras zonas directamente la lluvia todavía no llegó. En el sur de Santa Fe, el asesor de Agricultores Federados Argentinos (AFA) en el departamento Bigand, Gustavo Tettamanti, explicó que la última lluvia importante fue a fines de diciembre. “Después no llovió más, esa es la verdad”, resumió.

Según contó, la soja de primera y el maíz temprano vienen resistiendo, con un impacto más acotado de la sequía, aunque se prevé alguna pérdida de peso en el grano. El mayor problema está en los cultivos de segunda. “Ahí estamos complicados, complicados”, resumió, al señalar que los daños ya son importantes y que una mayor demora de las lluvias podría agravar la situación.

Fuente: Diario La Nación

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El Campo

A 40 km del glaciar Perito Moreno comenzó la cosecha del trigo más austral del mundo con un rinde muy prometedor

Se trata de una experiencia donde confluyen el sector público y el privado; sobre unas 370 hectáreas, que incluyen avena, se espera obtener entre 600 y 700 toneladas de grano que tendrán como destino principal una planta de alimento balanceado en Río Gallegos

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A unos 40 kilómetros del glaciar Perito Moreno, en el límite que marca la estepa y el bosque andino-patagónico, comenzó la cosecha de trigo y avena en secano, una experiencia agroproductiva inédita para la región con rindes que, para ser el primer año a gran escala, son buenos y cercanos a los mejores en las principales regionales agrícolas del país. En total, sobre unas 370 hectáreas, se espera obtener entre 600 y 700 toneladas de grano, que tendrán como destino principal una planta de alimento balanceado en Río Gallegos.

El proyecto combina esfuerzos públicos y privados. Las hectáreas donde se producen es parte de la Estancia Alice de Alejandro Bárcena, mientras la empresa estatal provincial Santa Cruz Puede aporta maquinaria, equipamiento y costos operativos, AgroCalafate, una firma joven integrada por tres profesionales, brinda la asistencia técnica tanto en el desarrollo de los cultivos como en el armado de la Planta de Alimento Balanceado en Río Gallegos.

Esta planta, prevé producir unas 1200 toneladas de alimento balanceado al final de la temporada, que se nutrirá de las 700 toneladas de trigo y avena provenientes de este campo ubicado entre El Calafate y el Parque Nacional Los Glaciares, lo que representará cerca del 70% del insumo total que necesitará la misma.

LA NACION compartió horas de una ardua jornada de cosecha en la Estancia Alice, una siesta de sol y de temperaturas que tocaron los 25 grados poco habituales en la zona. La estancia combina la actividad productiva con la turística, así los vehículos que pasan por los caminos internos de ripio que transportan pasajeros para realizar actividades de aventura, se cruzan con los tractores y cosechadoras. Una postal poco frecuente en la región.

 “En el lote más flojo de avena estamos en 1200 kilos por hectárea, pero los que están más adentro superarán los 2000 kilos en avena para grano, lo cual es un rendimiento muy bueno para ser el primer año, e incluso hay lotes que podrían superarlo”, explicó a LA NACION Tomás Ciurlanti de AgroCalafate. El promedio nacional de avena ronda los 3000 kilos por hectárea, por lo que, según remarcó, “quedar cerca del promedio de la zona núcleo productiva del país es bastante satisfactorio”.

En el caso del trigo, los resultados también sorprenden. Los lotes más importantes rondan los 2000 kilos por hectárea, pero en las zonas de mayor humedad los rindes oscilan entre los 2800 y 3200 kilos. “Es muy bueno si se tiene en cuenta que el rendimiento promedio del trigo en la Argentina está cerca de los 3200 kilos por hectárea. Para un primer año de producción a gran escala, acercarnos tanto a esos valores es muy alentador”, señaló Cirulanti.

A Ciurlanti le falta poco para recibirse de ingeniero agrónomo, reparte su vida entre Santa Cruz y Santa Fe. Entre estudios y trabajo fundó AgroCalafate junto a Nicolás Zuber, -doctor en microbiología agrícola – y el ingeniero agrónomo Ricardo Coggiola. Juntos trabajan en potenciar los sistemas productivos con asistencia tanto técnica como mecánica en varias provincias.

Los tres coinciden por estas horas en El Calafate, en un verano más tórrido de lo habitual. La cosecha que se inició esta semana, se extenderá durante febrero. Ellos no solo sacan los cálculos técnicos, hacen las evaluaciones y diseñan la estrategia de siembra, sino que también conducen las máquinas y realizan la cosecha, que por la proyección es histórica en Santa Cruz.

Con prestancia operan la cosechadora, el tractor con la tolva autodescargable, el tractor con el rastrillo y la rotoenfardadora. Para luego concluir el proceso con el acopio del grano en la silobolsa, que luego será extraído y trasladado en camiones a la planta de alimento balanceado en Río Gallegos para el procesamiento final.

Mientras operan las máquinas, la cordillera con cumbres nevadas se eleva de fondo y detrás, la tarde de cielo despejado, revela el perfil de las Torres del Paine, del otro lado de la cordillera.

Producir en la Patagonia tiene sus particularidades, de acuerdo a lo ya probado en Estancia Alice. La preparación de la cama de siembra la realizaron en otoño, durante el invierno el suelo se recargó con agua del deshielo, de modo que la siembra se realizó en primavera. Las semillas sembradas de avena son variedades Inta Cristal e Inta Calen, comercializadas por Guasch Semillas, en tanto que de trigo sembraron la variedad Pretal de Buck Semillas y el trigo Ceibo de Don Mario.

Según la descripción realizada por los agrónomos, el suelo en esa zona es franco arenoso, su característica más extraordinaria es el contenido de materia orgánica que se encuentra por encima del 9%. No usan riego, el cultivo completa su ciclo en secano y a diferencia de la región núcleo aquí trabajan en contraestación.

 “No se puede sembrar en la fecha que se hacen en zona núcleo porque el suelo está congelado, una vez que tenemos la temperatura necesaria para que germine la semilla iniciamos la siembra”, detalló a LA NACION Ricardo Coggiola en un alto que realizan en la cosecha. Por su parte, Tomás Ciurlanti agrega que la ventana de trabajo en esta región es muy corta: “Venimos del deshielo del invierno y partimos con una condición de humedad muy buena para la siembra, y si en lugar de hacer las labranzas en otoño, la hacemos en primavera, perdemos la humedad que es la ventaja del manejo de esta zona, con la escala nos manejamos muy bien, por ser el primer año, estamos muy satisfechos con el trabajo que hicimos”.

A su lado, Nicolás Zuber considera que para crecer en producción es necesario que los procesos naturales se den y agrega “que los lotes se sigan trabajando, que haya manejo de la rotación de cultivos y otros indicadores, lleva a que el suelo mejore sus cualidades químicas y físicas y termine decantando en un mejor rendimiento”.

Los tres jóvenes agrónomos consideran que es fundamental que más productores se sumen a la iniciativa de sembrar en escala en los campos de Santa Cruz. “Con la apertura de la planta de alimento balanceado se abre un nuevo canal comercial, y genera un nuevo nicho económico para el productor; estamos a disposición para asesorar, para trabajar y sumar hectáreas darle esa vuelta de tuerca productiva a la provincia que tanto bien le hace”, detalló Zuber.

Además de las hectáreas en producción están realizando ensayos con otros cultivos para ver cuáles se adaptan mejor para sumar la proteína necesaria al alimento balanceado, por eso realizan ensayos con arvejas verdes y amarillas, con lino, que se suman a otras pruebas que ya realizaron con camelinas, pruebas que les suma para generar información de base y después poder escalar.

“La verdad que nos sentimos parte de un cambio muy grande, muy lindo, de mostrar que en la Patagonia se puede, hay potencial”, afirmó Zuber y agregó: “Este desarrollo que estamos llevando a cabo propone nuevos desafíos, hemos tenido que atravesar un montón de ellos, incluso aprender nuevas cosas y entre aciertos y errores fuimos llevándolo a cabo y estamos más que satisfechos con lo que se ha podido lograr”.

Por su parte Coggiola, quien tiene su trayectoria de trabajo más extensa en Entre Ríos, destacó las condiciones favorables del suelo. “Acá tenemos un suelo espectacular, materia orgánica altísima, la textura es muy buena, pero poca agua”, dijo. Agregó que otro desafío que enfrentan es el de los días de verano tan extensos, “al tener tantas horas de luz la demanda atmosférica es muy grande así que tenemos que buscar cultivos que cubran bien el suelo para disminuir la evapotranspiración”.

El inicio de cosecha contó con la presencia del gobernador Claudio Vidal, uno de los principales impulsores de la iniciativa; el presidente de la empresa estatal Santa Cruz Puede, Gustavo Sívori, el presidente de la Federación de Instituciones Agropecuarias (FIAS) de Santa Cruz, Enrique Jamieson, y productores locales que siguen el proceso con expectativa.

”Soy de los que cree que tenemos que recuperar nuestros campos, pero acá vamos a producir alimento en Santa Cruz, generando mano de obra y recuperando lo que nos enseñaron los primeros pobladores en esta provincia. Les pido a los santacruceños que recuperemos y abracemos la cultura de trabajo”, afirmó Vidal durante el acto realizado en la estancia la semana pasada en que simbólicamente se inició la cosecha.

“Son más de 300 hectáreas. Es la primera vez que lo hacemos, así que el resultado es excelente y seguramente en la próxima temporada van a ser muchas más hectáreas. Quizás lo vamos a poder hacer también en otros lugares. Vamos a seguir trabajando y aportando a la producción”, concluyó Vidal.

Fuente: Diario La Nación

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