Generalmente en el reconocimiento a personajes importantes desaparecidos en la fecha, se recurre a los aspectos más brillantes de su vida en cuyo terrenal pasaje habían sucedido otras cosas sumamente importantes. Hoy a 61 años de su desaparición se está recordando a Angel Meunier. Tres largas generaciones pasaron sin poder explicar la realidad de lo que esto implica. Meunier era un tipo sumamente inteligente y apasionado a quien la muerte le tendió una trampra en un accidente mecánico que podía suceder en cualquier auto o circunstancia.
El hecho pasa por pensar que es la pasión la que conlleva al hecho y yo aprendí que como la vida es un pasaje terrenal, el destinatario ha tenido infinidad de actuaciones y actitudes que se le desconocen. Las crónicas que sustentan recuerdos desde lo trágico suelen ser faltas de contenido y plenas de olvidos. Meunier era alquien que en su intelecto buscaba las razones a los por qué. Fue allí donde un día encontró el secreto para fabricar los Chasis Chevrolet más famosos y requeridos por su especial calidad. Me atrevería a decir que EL AUTOMOVILISMO que lo subió al pedestal de los grandes del T.C. no era su primera y gran pasión. era un desafío más a la UTOPIA de que ganar en T.C. era privilegio de unos pocos. Cuando armó su coche para correr usó todo su talento para escuchar a los que sabían primero, estudiar mucho, leer y usar el razonamiento para ir en busca del error aprendizaje. Debutó asombrando por su accionar. De a poquito fue logrando que los errores se convirtieran en virtudes desde el razonamiento como resultado. Fueron llegando resultados y en su ciudad el 80% de vecinos que nunca habían escuchado una carrera por radio se hicieron seguidores incondicionales. Trabajar en aquellos autos que ya de origen traían más de veinte años de antiguedad y adaptarlos a la exigencia de los caminos a transitar ya era un Teorema difícil. La tecnología, los bancos de prueba, los túneles aerodinámicos eran tan solo un sueño de Julio Verne. Meunier buscaba todo prescindentemente de la belleza y el aspecto, buscaba simplicidad y eficienncia. Claro que el auto fue sufiendo reformas, conforme a lo que el piloto sentía. Y era Meunier un piloto de estirpe cuando no existían los simuladores y manejar bien era una virtud de pocos, que tampoco siempre servía para andar rápido y mucho menos saber correr. NO. Meunier era un DOMADOR DE UTOPIAS y sin desatender su empresa laboral, le dedicó a su sueño el convencimiento de que nada es imposible.
Rubio, trabajador, simpático, de pocas palabras y muchos sentimientos, Meunier tenía a su familia como prioridad, le gustaba la música y el canto, compartía reuniones en la Peña de Elías Col, disfrutaba de los Carnavales. Y el corredor de autos? Regresado el lunes a su vida cotidiana, era el vecino servicial y atento, el comerciante confiablemente honesto, el que siempre estaba dispuesto a ayudar. «Son todos buenos Muchachos» solía decir cuando en el mundo de las carreras la rivalidad Ford Chevrolet se acentuaba. En todo ese mundo inolvidable se movía un tipo simple que convivía con Menditeguy, los Galvezs, Alzaga, Casá, Saigós,García Uriburu. Siempre supe porque mis grandes maestros en estos de escribir me lo enseñaron que la IDOLATRIA es algo no demasiado simple que nadie puede buscar ni comprar. Se es ídolo no porque el personaje lo desea sino porque la gente lo hace, por distintos motivos. Meunier no quería ser ídolo, no le interesaba, sabía que el tiempo de las carreras era ese y que entre ser Idolo sin valores y no serlo por todo lo que lleva el hecho del compañerismo, la empatía, la sinceridad y el cariño lo ameritaban.
Soy de los que cree que en las partidas uno debe siempre recordar lo bueno, lo lindo y lo valeroso de quienes ya no están. Hacer una apología de por qué, cuántos y como se fueron asociando los hecho con los medios usados y las rutas recorridas se me ocurre un pasado totalmente absurdo.
Claro que en en este reconocimiento no se puede pasar por alto el nombre de Umberto Lorenzeti, su amigo que de siempre compartía el taller y quien ocasionalmente ese trágico día era su acompañante, y digo esto porque muchos fueron los acompañantes de Meunier a los que seguramente muchos ignorarán. Honrar la vida es dejar cosas buenas al pasar. Domar utopías es propio de quienes se atreven. Meunier honró la vida y fue DOMADOR DE UTOPIAS.
Por Aníbal Martini.