Brasil dio un paso histórico en materia laboral. El Senado aprobó el miércoles 14 de octubre una reforma constitucional que reduce la jornada máxima de trabajo de 44 a 40 horas semanales y establece dos días de descanso remunerado por semana. La iniciativa había sido aprobada previamente por la Cámara de Diputados y, al no sufrir modificaciones en el Senado, quedó encaminada hacia su promulgación.
La medida pone fin al conocido esquema 6×1, mediante el cual millones de trabajadores cumplen seis días de actividad y cuentan con un solo día de descanso. El nuevo modelo apunta a una semana laboral de cinco días de trabajo y dos de descanso.
Una reducción gradual
El cambio no será inmediato. La reforma contempla una transición de 14 meses: dos meses después de su promulgación, el límite semanal pasará de 44 a 42 horas y, un año después, llegará a las 40 horas semanales, manteniendo un máximo de ocho horas diarias.
Uno de los puntos centrales de la reforma es que no podrá reducirse el salario como consecuencia de la disminución de la jornada laboral.
Un debate que también alcanza a las empresas
La iniciativa fue respaldada ampliamente en el Congreso, aunque generó un fuerte debate entre trabajadores, sindicatos y empresarios.
Quienes apoyan la reducción sostienen que permitirá mejorar la calidad de vida, el descanso y el equilibrio entre la vida laboral y personal, además de acercar a Brasil a modelos de jornadas más cortas aplicados en otros países.
Del otro lado, sectores empresariales advierten que una reducción de horas puede generar mayores costos laborales, especialmente en actividades que requieren una presencia continua de trabajadores, como el comercio, supermercados, farmacias y otros servicios.
Una reforma con fuerte impacto
La aprobación se produjo en un momento político particularmente sensible en Brasil, a pocos días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. La reducción de la jornada es una de las principales banderas laborales impulsadas por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Según estimaciones difundidas tras la aprobación, la reforma podría alcanzar a más de 37 millones de trabajadores del sector formal brasileño.
La discusión sobre cuánto se trabaja y cuánto tiempo queda disponible para descansar, estar con la familia o desarrollar otras actividades vuelve así a ocupar un lugar central en el debate laboral de la región.
Brasil avanza hacia una semana laboral de 40 horas y dos días de descanso, un cambio que podría convertirse en referencia para otros países de América Latina.